Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

viernes, 10 de julio de 2015

Primaria, decisiva e inaprensible, de Marían Raméntol (Reseña nº 728)

Marían Raméntol
Primaria, decisiva e inaprensible
Alkaid ediciones, 2015

Puede que ya me lo hayáis leído anteriormente, pero volveré a decirlo: cuando tengo un libro de Marían Raméntol entre las manos siento una extraña sensación, pues nunca sabes qué vas a encontrar dentro.

Una cosa sí puede tener clara el lector: no le va a dejar indiferente. Lo mismo te golpea desde el primer verso, pero no una bofetada a lo Gilda, no; al menos, yo la siento más como el puño de Cassius Cley, en plena juventud, cuando tumbaba a quien se le pusiese por delante.

Y, a pesar de ello, no vas a poder resistir la tentación de abrir el libro y ponerte a leer, para que ese golpe de lo inesperado te despierte a horizontes poéticos alejados de toda norma, de toda regla, de todo lo que sea "lo que se lleva".

No sé si cuando leas este poemario sentirás lo que cita el prologista, tomando las palabras de Paul Valéry: la douleur est musique (el dolor es música), pero no lo creo. Sí avanzarás por versos, por poemas, que te removerán las entrañas, que no te dejarán impasible ni un instante, que los encontrarás vivos; si quieres, extraños, inesperados. 

M. Martinez Forega lo define como "criptomnesia verbal":

Con mi cara en la póstuva curva del aire
atravieso los huesos de la vigilia,
los ojos desasidos
par no pederme ninguno de los secretos
que guardan las vísceras de los buitres.

Esta es la puerta de entrada del poemario que estamos comentando, para que el lector no se equivoque, para que sepa desde el principio los páramos poéticos por los que va a caminar.

El diafragma se contrae
cuando envejece la noche
con sus ojos de arcilla,
el mármol recoge esa misericordia
demasiado estrecha para el margen seco
que entra a golpes, hace de cuna
y mece lo que ha sido sobre un papel en trance.

Todo en Marían es un conjuro verbal para llevarte hacia donde ella quiere, y lo va a conseguir, aunque tú, lector, no lo quieras.

Francisco Javier Illán Vivas

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