Revista de creación literaria en busca de creadores del mundo

domingo, 9 de junio de 2013

Extraña noche en Linares, de Miguel Ángel de Rus

Miguel Ángel de Rus
Extraña noche en Linares
M.A.R. Editor, marzo de 2013

Lo primero que el lector debe tener en cuenta ante una obra de Miguel Ángel de Rus, y ésta representa su décimo segundo libro publicado, es su condición de editor y de escritor- como apunta el autor del prólogo del presente libro de relatos, José Manuel Fernández Argüelles- y eso "tiene como consecuencia insoslayable: ha leído, juzgado, rechazado y aceptado muchos textos. Algo sabrá el hombre de escrituras y otros delirios semejantes".

Tuve el honor de presentar este libro en Expo Libro, Murcia, el pasado mes de abril, y gozar, durante un buen rato, de la amena y entendida charla del autor y editor, alrededor de estos treinta y un relatos que mezclan realidad y fantasía, que pretende ser también un homenaje a la cultura occidental de los últimos 200 años, esa misma que las "autoridades culturales" ven con tan malos ojos e intentan que se olvide.

Es un libro donde hay mucho amor a los libros: "esta casa es un eslabón más de la cadena de conocimientos de la humanidad, es la sucesión de la biblioteca de mis padres y de mis abuelos, y debería seguir en vosotros" (pág. 55), y a muchas personalidades de nuestra cultura, Truffaut, Hergé, Bradbury, pero también el propio editor de Irreverentes y autor de este libro ("Miguel Ángel de Rus me ha asesinado. Él y su puta china", pág. 126), sin olvidar a personajes del cine, como esos amores entre Irma la dulce y el gendarme Néstor en París, a la música de Marguerite Monnot, que inmortalizaron Shirley MacLaine y Jack Lemmon.

Un libro donde hay, en diferentes relatos, mucho asesino suelto, profesionales de su mortal trabajo, amantes de los libros y de la música y, no debo olvidarlo, largos ratos con una copa de armagnac entre las manos, puede que escuchando a Mozarth, pero también a Edith Piaf o a Charles Aznavour... Da los mismo, es nuestra cultura, somos nosotros mismos, herederos de todos ellos.

Un libro de relatos con muchos protagonistas hastiados, pero también otros que ven el lado bueno de cada momento: "si la vida te da limones, haz limonada" (pág. 86).

Y que me hubiese gustado leer con una de esas camisas del Congreso Mundial de Amantes de Madonna, donde destaca serigrafiada la vagina de la cantante con el lema: "Yo también estuve aquí" (pág 87).

"Cada libro muerto es una vida que desaparece, un mito, un mundo" (pág 43) y yo he tenido la suerte de no dejarlo morir, sino de leerlo, disfrutarlo y darle vida.

Francisco Javier Illán Vivas

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